Trata de personas
«Algo no cuadra. Creo que todas las mujeres viven juntas». Este comentario lo hizo mi peluquera al referirse a un salón de manicura cuyo gerente era un hombre y en el que ninguna de las mujeres hablaba inglés.
La pregunta «¿Qué deberÃa haber hecho?» la formuló una mujer que en su dÃa trabajó como dependienta en una tienda de lencerÃa. Un dÃa, una adolescente entró en la tienda acompañada de dos hombres mayores. Uno de ellos echaba un vistazo a los artÃculos, mientras que el otro elegÃa lencerÃa «para adultos» muy sugerente para la adolescente. No hubo conversación alguna entre la adolescente y los hombres. La dependienta intentó entablar conversación con la joven, pero fue el hombre que pagaba la lencerÃa quien respondió en su lugar. Sin embargo, la joven sà comentó que no asistÃa a la escuela.
Es posible que ambas mujeres hayan sido vÃctimas de la trata de personas. El primer caso podrÃa tratarse de trata con fines de explotación laboral y el segundo, de trata con fines de explotación sexual comercial.
La trata de personas y la esclavitud moderna son términos que se refieren tanto a la explotación sexual como al trabajo forzoso. El trabajo forzoso incluye la servidumbre involuntaria, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, la servidumbre por deudas y el trabajo forzoso. Aunque utilizamos el término «trata», la trata de personas no implica necesariamente un desplazamiento o transporte. La explotación puede tener lugar dentro de la propia comunidad. La Oficina para la Vigilancia y la Lucha contra la Trata de Personas explica: «En el centro de este fenómeno se encuentra el objetivo de los traficantes de explotar y esclavizar a sus vÃctimas, asà como la mirÃada de prácticas coercitivas y engañosas que utilizan para lograrlo».
¿Qué podemos hacer para poner fin a la trata de personas? Una opción es intentar rescatar a todas las personas cautivas. O bien, podrÃamos intentar rescatar a aquellas que corren el riesgo de ser capturadas. Creo que este último enfoque serÃa más eficaz a largo plazo. Este «enfoque preventivo» se centra en la prevención. Pero, ¿cómo localizamos a las posibles vÃctimas antes de que los traficantes las encuentren? Tenemos que ser capaces de identificar a quienes son vulnerables o corren el riesgo de ser vÃctimas de la trata. Aquà es donde entra en juego el análisis de los determinantes sociales de la trata de personas.
Cuando participé en un viaje de misión médica a Nicaragua, descubrà que las mujeres y los niños solÃan acabar en burdeles por motivos económicos. Las mujeres que piden dinero prestado a los traficantes se ven obligadas a trabajar en los burdeles para saldar su deuda. Cualquier intento de abandonar esa situación se ve respondido con actos de violencia contra ellas o sus familias. Hay padres desesperados que llegan incluso a vender a sus hijos a los traficantes. A algunos niños simplemente los secuestran y luego los venden. AquÃ, en Estados Unidos, los traficantes buscan a jóvenes fugados (y a otros jóvenes y adultos jóvenes sin hogar), se hacen amigos de ellos y luego los obligan o los venden para el comercio sexual. En cuanto a la trata con fines de explotación laboral, es posible que se reclute a personas para puestos de trabajo y que estas acaben esclavizadas en talleres clandestinos, en plantaciones o en salones de masajes (que a menudo son una tapadera para un burdel).
Por lo tanto, sabemos que dos factores que exponen a las personas al riesgo de ser vÃctimas de la trata son la pobreza extrema y la falta de hogar. Se trata de un problema que se aborda mejor desde múltiples niveles: individual, sociocultural, institucional, comunitario y de polÃticas públicas. En otras palabras, se requiere un enfoque socioecológico. Para obtener más información sobre cómo usted marcar la diferencia, lea
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